Makelele: “Puedo sentir lo que va a pasar sobre el césped”

El último enfrentamiento entre París Saint-Germain y Chelsea data de 2004. En aquel entonces, un PSG con recursos limitados no pudo pasar del 0-0 en la vuelta en Stamford Bridge frente a la constelación de estrellas que presentaban los Blues, tras un severo 0-3 en la capital francesa. En las filas del conjunto londinense, un tal Claude Makelele, entonces en su apogeo, había reinado con maestría en la medular.

Diez años más tarde, en el reencuentro entre ambos clubes, que tendrá lugar en los cuartos de final de la Liga de Campeones de la UEFA 2013-14, el ex internacional francés estará en el bando contrario, como ayudante de Laurent Blanc al timón de un equipo que ha pasado a ser el nuevo ‘coco’ del Viejo Continente. Fue en el conjunto parisino donde Makelele colgó las botas en 2011, tras una carrera en la que se convirtió en la referencia última en materia de colocación, recuperación de balones y enlace entre la defensa y el ataque.

Entre su reconversión, la nueva dimensión del PSG, las especificidades de su antiguo puesto, la identidad del que considera su heredero, el nivel actual de los Bleus, o su implicación en iniciativas benéficas, el que fuera 71 veces internacional con Francia tenía abundantes temas de los que hablar cuando, el pasado 4 de marzo, fifa le tendió su grabadora al margen del Partido contra la Pobreza.

Claude, el París Saint-Germain posee en sus filas un jugador excepcional: Zlatan Ibrahimovic. Aun cuando usted jugó en su momento con futbolistas de talla mundial, ¿le sorprenden sus actuaciones?
No, no me sorprende lo que está haciendo Zlatan en estos momentos. Es un competidor, un gran jugador que quiere ganar títulos. Siempre quiere avanzar; quiere superar lo que ya ha conseguido en otros grandes clubes, y pone todo lo que está en su mano para ello. A un jugador así no tienes que decirle nada; es él quien lidera a los demás jugadores, quien tira de ellos hacia arriba. A veces, hay que hablar con algunos para insuflarles confianza. Ibrahimovic no lo necesita; posee todo el bagaje necesario.

¿Cómo está viviendo su papel en el banquillo, siendo que hace poco estaba sobre el césped para jugar estos partidos?
Desde el banquillo, veo más rápido lo que pasa; lo anticipo, lo sé con antelación. Lo viví como jugador multiplicado por mil; lo cual me confiere una percepción muy aguda de las situaciones venideras. Puedo sentir lo que va a pasar sobre el césped. Cuando era jugador, no podía explicarlo realmente; “vivía” el momento. Ahora, mi papel consiste en explicar, analizar y, sobre todo, transmitir.

Usted desempeñaba una función especial, ingrata pero crucial: la de recuperador o enlace entre la defensa y el ataque. En el PSG, ¿quién se asemeja más a usted por su juego?
El ejemplo que conozco bien, porque lo entreno en París, es Blaise Matuidi. En este puesto, tienes que abstraerte de tus ambiciones personales; es un papel muy especial. En la selección de Francia hay una riqueza enorme en el mediocampo, en ese registro: Yohan Cabaye está en plena progresión; Matuidi, al que acabo de citar… Estos chicos todavía no poseen una experiencia enorme, pero ya han comprendido lo que implicaba su posición en el campo. Deben transmitírselo a los demás, con total tranquilidad. Es un puesto muy ingrato, en el que se exige mucho y en el que no hay que reivindicar nada.     

Aun así, ¿no resulta un poco frustrante trabajar en la sombra?
En un equipo, cada uno tiene su función. Cada uno debe saber lo que tiene que hacer para que el equipo funcione mejor; para que el equilibrio sea perfecto. Una vez que aceptas eso, te entregas al cien por cien, con un entusiasmo enorme. Hay que amar este puesto para jugar bien ahí; de lo contrario, la cosa no funciona. Pero en caso afirmativo, se puede disfrutar de veras; es un papel que procura muchas satisfacciones. Pienso que Blaise tiene todas esas cualidades, esa garra, aunque se puede perfeccionar. Voy a seguir empujándole para que progrese, porque creo que puede convertirse en uno de los mejores centrocampistas del mundo, simple y llanamente.

A unas semanas de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™, ¿qué le parece la selección de Francia?
Me parece que los Bleus marchan bien. Están como “curados”; han adquirido consciencia de sus cualidades. No estoy hablando de las individualidades, sino del colectivo; se han dado cuenta de su fortaleza. Para una gran competición, eso es lo más importante. Hace falta un núcleo en el grupo. Tiene que haber solidaridad entre jugadores. Ésa es la base, y lo han comprendido. No me cabe ninguna duda sobre la calidad de este grupo, y creo incluso que podrían dar la sorpresa.

Al igual que en Alemania 2006, no se ve a Francia como favorita en Brasil. ¿Se trata de una ventaja?
No sé si se puede comparar. En 2006, tres de nosotros regresamos a la selección a última hora: Zinedine Zidane, Lilian Thuram y yo mismo. Esos retornos tardíos no crearon tensiones ni nada por el estilo, porque lo que importaba para cada uno de nosotros en la plantilla era la noción de equipo de Francia; ese sentimiento especial. Creo que esta generación también lo ha captado. Si lo han comprendido, será un punto fuerte importantísimo en Brasil. Si llegamos a la final en 2006, fue gracias a ese pequeño suplemento de alma. Es lo que permitió que las individualidades brillaran. Para llegar a lo más alto en un campeonato así, es absolutamente necesario.

Cuando se habla de Brasil, ¿qué es lo que le viene a la mente?
Brasil es el fútbol. Pienso en la samba, en los detalles técnicos, en una bicicleta… Veo goles, alegría, espectáculo, placer. Para los brasileños, jugar sigue siendo ante todo un placer; es algo que surge a menudo cuando lo comentamos con ellos, y es agradable.

Usted participó en el Partido contra la Pobreza organizado por Ronaldo y Zidane para ayudar a Filipinas. ¿Es importante para usted participar en actividades semejantes?  
Es importante para todos los jugadores. Volver a verse, y por una buena causa. Yo siempre he dado mucho. Lo que hacen Ronaldo y Zidane es excepcional: abre los ojos a la gente sobre una situación concreta, en este caso la de Filipinas; y eso permite también dar otra imagen de los futbolistas. Para nosotros, los jugadores, no siempre nos es fácil explicarnos. Este partido es la mejor forma de pasar a la acción, simple y llanamente.

¿Considera una necesidad que los jugadores o ex jugadores se comprometan con estas causas? 
Cumplimos un papel importante con respecto al mundo del fútbol en general, y respecto a nuestros jóvenes en particular. El carácter muy mediático de nuestro deporte hace que, por momentos, la gente se olvide de que somos seres humanos, que tenemos nuestras sensibilidades y que hacemos cosas por nuestros seres queridos, pero también por otras buenas causas. Los jugadores de fútbol se movilizan regularmente para ayudar a la gente que se encuentra en situaciones difíciles. No se habla de ello a menudo, y es una lástima. En lo que a mí respecta, participo en varias actividades benéficas; particularmente en África, porque ahí es donde se encuentran mis raíces.

¿Cuándo fue consciente de que debía concluir su carrera de jugador?
Me di cuenta cuando empecé a ejercer de entrenador sobre el campo. Daba instrucciones, reubicaba a todo el mundo, decía a uno que se calmara, a otro que defendiera para conservar el resultado… y, como consecuencia de ello, ya no desempeñaba mi papel de jugador a fondo. En ese momento, comprendí que había que pasar el testigo. ¡No se puede hacer todo! De hecho, no echo mucho de menos el terreno de juego. Es un poco surrealista, porque pensaba de veras que me resultaría difícil. Pero como enseguida me volví a ver en el banquillo, imagino que la ruptura no fue demasiado violenta.

¿Qué hizo justo después de tomar esa decisión?
Al día siguiente de mi decisión, ¡me iba de vacaciones! Una buena forma de desconectar… Pero a pesar de todo, recuerdo que pensaba en el fútbol. Me preguntaba qué iba a hacer luego; si iba a entrenar enseguida, si me tomaría un año sabático… Pero no podía hacer eso; el fútbol es toda mi vida…

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